Nacida en Vitoria-Gasteiz en 1957, recibió una sólida educación religiosa en el Colegio Nazareth, donde estudió en francés y castellano hasta finalizar el Bachiller Superior, y posteriormente se formó en estudios administrativos e informáticos. Su carrera profesional transcurrió íntegramente en la empresa KAS (más tarde PEPSICO), donde trabajó durante 37 años.
Desde su infancia, su familia le inculcó una profunda fe católica y devoción mariana, especialmente hacia la Virgen Blanca, devoción transmitida por su padre. Participaba con su familia en actos religiosos emblemáticos como la Procesión de los Faroles y el Rosario de la Aurora. Gracias al impulso de un compañero de trabajo y una amiga de su madre, se unió a la Cofradía de la Virgen Blanca y, en 2014, pasó a formar parte de la Junta Directiva, dedicando desde entonces gran parte de su tiempo y esfuerzo a la Cofradía tras su prejubilación. Actualmente ocupaba el cargo de secretaria.
Su entrega a la Cofradía y a la Virgen Blanca ha sido constante, marcada por el trabajo, el sacrificio y una ilusión inquebrantable. Entre sus prioridades actuales destacan la restauración de Santo Domingo de Guzmán y la hornacina de la Virgen Blanca, la apertura y promoción del Museo de los Faroles por las tardes, la mejora de la accesibilidad al Santuario, y la ampliación del grupo de voluntarios. Además, desea impulsar campañas para captar nuevos cofrades, organizar actividades culturales y religiosas, y fortalecer la comunicación y convivencia entre los miembros de la Cofradía.
Se siente motivada por el apoyo recibido de la Junta cesante y de otros cofrades, asumiendo este reto con ilusión y sentido de responsabilidad. Su objetivo es fomentar el trabajo en equipo, mantener viva la devoción y las actividades en honor a la Virgen Blanca, y contar siempre con la colaboración de todos los miembros de la Cofradía.
En este momento trascendental al asumir el cargo de Abadesa de la Cofradía de la Virgen Blanca, deseo expresar mi más profundo agradecimiento por la confianza y el apoyo que me habéis brindado. Asumo esta altísima responsabilidad con la humildad de quien tiene el honor de liderar una institución centenaria, profundamente arraigada en el corazón de la sociedad vitoriana.
Mi gratitud se extiende a todos los miembros de las juntas directivas anteriores y actuales, cuyo esfuerzo y dedicación han construido los cimientos sobre los que hoy nos sostenemos. Quiero dedicar un recuerdo especialmente emotivo a la siempre recordada Abadesa Cristina Fructuoso, cuya presencia espiritual acompaña este acto desde donde se encuentre, y a mi gran maestro y mentor, Ricardo Sáez de Heredia.
Quisiera expresar mi entrega absoluta y sin límites a esta sagrada institución. Mi compromiso trasciende las fronteras del tiempo y el esfuerzo personal: trabajaré incansablemente para que la Cofradía de la Virgen Blanca no solo preserve su legado, sino que se fortalezca como pilar indispensable de la sociedad vitoriana y alavesa.
Nuestra responsabilidad es doble: honrar la tradición que nos precede y construir un futuro que inspire a las generaciones actuales y venideras. Con la ilusión que me embarga y la determinación que me guía, me comprometo a estar a la altura de las expectativas. Juntos, con vuestra colaboración y apoyo, escribiremos un nuevo capítulo en la historia de nuestra querida Cofradía, asegurando que su luz siga brillando para iluminar el camino de quienes vendrán después de nosotros.
¡Viva la Virgen Blanca!